Un país lleno de opiniones… en Bajo Aragón Digital
Publicado: 4 marzo, 2011 Archivado en: A fuero de Aragón Deja un comentario »En el medio Bajo Aragón Digital tienen una sección, que parece crecer cada día, dedicada a publicar artículos de opinión de habitantes y oriundos de la Tierra Baja. En un increíble fallo de su política de calidad, me han invitado a mí también a enviar algunos textos. Puedes leer aquí el primero de ellos:
Martes, 1 de marzo de 2011
Somos un país de tertulianos aficionados, y nada nos gusta más que dar una opinión redonda y bien acabada. Nuestra sola razón natural nos alumbra para lanzarnos al debate, por técnico que este sea, sin temor a equivocarnos. Así, por ejemplo, nos encanta hablar de política internacional, especialmente apoyados en la barra del bar, leyendo nuestro periódico “de siempre”, el que dice las cosas como son. Jamás dejaríamos que los datos más o menos objetivos contaminaran nuestro precioso juicio, que algún majadero afrancesado confunde con prejuicio. Afirman algunos, equivocadamente, que estos días la población de algunos países árabes se está jugando la vida mientras lucha por sus libertades. Deberíamos estar temblando, ya que esa gente es islamista-jihadista hasta que se demuestre lo contrario, y nada bueno puede salir de un cambio. Más vale dictador conocido, que democracia por conocer. Peor aún, las mujeres de esos países que viven aquí persisten en taparse el cabello con un velo, algo que atenta contra nuestras normas más básicas de convivencia. De hecho, en un raro ataque de coherencia, es posible que prohibamos a monjas y viudas retro lo de llevar tocas en lugares públicos.
Otro de nuestros rasgos es el hecho de que, como ciudadanos orgullosos, nos preocupamos por el proceso legislativo. Sabemos que no es necesario leer el borrador de una ley, hoy en día disponible en internet durante su tramitación, para poder opinar con todo fundamento sobre ella. Eso sí, adoramos los extremos, y aborrecemos las matizaciones, que son propias de timoratos. Así, en el reciente debate en torno a las descargas de internet, la mayoría de las voces que se alzan lo tienen muy claro: o bien uno afirma que internet es la cueva de Alí Babá, llena de bandidos con teclado y ratón; o bien uno declara que descargarse el último estreno de cine es un derecho fundamental, y que cualquier medida que lo limite es un atentado contra el pueblo soberano. No es país para murciélagos, que no son ni pájaro ni ratón, como decía Pío Baroja. Recordamos muy bien cuales son nuestros derechos, que no tiene límites conocidos. En cuanto a los deberes, eso era algo que te mandaban en la escuela para hacer en casa: un ciudadano no está moralmente obligado a hacer nada, que se sepa. Algunos llevan más allá esta línea de pensamiento y si no les gusta una ley, se declaran insumisos, y reciben el aplauso de otros. Todo el mundo entiende mucho de derecho, hasta se diría que somos un país compuesto únicamente por juristas. Lo único que no encaja es eso seguir manteniendo un tribunal constitucional, estando tan claro que toda norma nueva que no nos guste ha de ser por fuerza inconstitucional.
Por supuesto, también somos un país culto, ya que conocemos al dedillo nuestra historia. Lo que pasa es que tenemos muchas historias diferentes, y no parecen coincidir, lo que da lugar a los más enconados debates. Así, mientras que a muchos catalanes les encanta hablar de las glorias de la confederación catalano-aragonesa medieval; al otro lado de la raya, muchos aragoneses nunca dejamos de apuntar que Cataluña pertenecía al reino de Aragón en esa época, y que de confederación, nada. Poco importa que ambas cosas sean barbaridades conceptuales, sin ninguna base histórica. ¿Para qué nombrar la guerra civil, motivo de cuantiosas obras de todo género producidas cada año? La memoria hay que alimentarla, y si puede ser con algo que no nos provoque desilusión y que confirme nuestras ideas, mucho mejor.
Lo curioso es que todo este texto es también una opinión cargada de prejuicios. No es más que un conjunto de lugares comunes, de obviedades, y de cosas por todos sabidas. ¿Acaso alguien esperaba encontrar algo diferente? Imposible, uno también es orgulloso ciudadano del país que le vio nacer, y se comporta como tal.


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