Mientras cocinaba hoy un poco de pasta para comer, y maldecía que sólo funcionaran cuatro de los doce fogones (un fallo técnico que empieza a ser muy recurrente), un compañero portugués de la residencia ha entrado en nuestra ya bastante atestada cocina con unas hojas de Il Resto del Carlino, el periódico más típico de Bolonia y la Emilia-Romaña, que no suelo leer porque me parece bastante aburrido y tiene una maquetación digna de una hoja parroquial.  Nos venía a enseñar un artículo sobre el affaire AEGEE, que lleva de cabeza a la comunidad erasmus en Bolonia.  AEGEE es una asociación de estudiantes europeos que apoya la movilidad universitaria y acoge a estudiantes de intercambio.  Está formada por grupos locales muy autónomos entre sí.

El caso es que tras la cancelación de unos viajes que había AEGEE Bolonia, todavía no ha devuelto el dinero pagado por adelantado a los erasmus.  Muchos de estos se vuelven pronto a sus países y quieren el dinero de vuelta, que suma en algunos casos más de 100 €.  No se sabe si por mala gestión o mala fe, el problema parece que no va a solucionarse fácilmente y hay gente muy cabreada sintiéndose estafada.  La cosa se complica más porque AEGEE Bolonia ha dejado de formar parte de AEGEE Europa y probablemente se disuelva este verano.  De momento su página web y su grupo en facebook han dejado de funcionar.  Ayer casi hubo un incidente, cuando unos sesenta erasmus bastante  enfadados se presentaron en la sede de AEGEE para recibir explicaciones.  Lo único que han conseguido por ahora es un documento firmado de reconocimiento de la deuda por parte de la asociación.  Así está la cosa, según cuenta hoy Il Resto del Carlino.

Mi experiencia personal con esta gente, un par de viajes, me hace afirmar que son un grupo terriblemente ineficiente.  Se esfuerzan, supongo, pero han organizado viajes pésimos, mal preparados y con continuos cambios.  Por otro lado, los precios  de los viajes de AEGEE son muy baratos, ya que buscan (y encuentran) financiación y esponsores.  No creo, pues, que hayan “robado” el dinero de los pobres erasmus, pero tengo que decir que sus viajes no son del todo fiables.

Justo en la página del articulo anterior, hemos encontrado otra referencia al delectivo mundo erasmus en Bolonia.  Antes de ayer detuvieron a tres estudiantes españoles que, borrachos como cubas, se habían dedicado a derrotar y sojuzgar una serie de motos que tuvieron la mala suerte de encontrarse en su camino.  Iban por la onceava scooter masacrada cuando llegó la policía, avisada por los vecinos, y los detuvo.  A uno de los españoles le pillaron también en el momento de intentar robar dos bicis, lo que está muy mal visto y tiene, se rumorea un poco sin fundamento, una multa de 3.000 €.   Esto se añade a la larga lista de agresiones a taxistas, a porteros de clubes, a ancianitos indefensos, saqueos varios y delitos contra la higiene pública y ebriedad pública (¿en serio eso es delito?) cometidos por paisanos en esta pobre ciudad para la que somos un poco una plaga bíblica: personalmente creo que somos o los piojos, por cómo acabamos, o las langostas, por cómo dejamos el lugar por donde hemos pasado.

En resumen, hoy el periódico trataba abundántemente de los estudiantes erasmus en Bolonia.  Dicho esto, me voy al centro, esta tarde hay una extraña fiesta, la Par Tòt Parata.  No sé muy bien en qué consiste: tiene algo de carnaval, de disfraces, de improvisación y de teatro. Aquí hay unos vídeos de otros años.