Cuando empieza la recta y declive final de tu estancia en cualquier sitio, empiezas a pensar que cosas echarás de menos. Entre lo más terrenal, y que hemos intentado copiar sin éxito en Iberia Sumergida, está la pizza a domicilio. No existe en Italia una gran cadena, tipo Telepizza o Pizzahut, sino muchos garitos pequeños de propiedad familiar y con una buena proporción de empleados inmigrantes. Al anochecer, las calles de Bolonia se llenan de las motos de los repartidores, corriendo a alimentar a estudiantes vagos, familias desestructuradas, empleados en el turno de tarde noche y un largo etcétera.
Decía que no lo hemos podido superar no por la calidad, que tampoco, si no por el precio. Una pizza cuesta unos cinco euros, un poco menos si es margarita, un poco más si tiene ingredientes de gourmet. La palma se la lleva cierta pizzería que tiene casi la exclusiva para nuestra residencia: por cinco euros tienes una pizza como la de la foto, incluida una lata de bebida de regalo, e incluso (merced a un oscuro y poco claro acuerdo con el personal de la residencia) te la suben hasta tu habitación si les das el número con la llamada. ¿Es o no es para hecharlo de menos?
Otro día hablamos de cómo comer pizza sin mancharte, todo un arte.

25 Junio 2009 at 23:07
Disfruta a tope de tus ultimos dias y de todas esas cosas que no volveran a ser lo mismo!!!!
Entre ellas las pizzas….
Un saludo