Como se puede deducir de lo que escribo, suelo leer la prensa española e italiana con relativa frecuencia. Hoy la noticia es las fotos de la que hablaba esta mañana. Dando un vistazo rápido antes de irme a domir, he leído que Obama ha estado en Buchenwald, y he recordado un viaje de hace un año al mismo lugar.
Estuvimos en Weimar en un encuentro de jóvenes europeos que trataba el tema de la memoria histórica y el fascismo. Conocimos a fondo el campo de concentración: hablamos con supervivientes del propio campo, vimos los hornos crematorios, la enfermería-matadero donde ejecutaron a prisioneros de guerra soviéticos, y demás cámaras del horror. Fué la visita más escalofriante que he tenido en mi vida.
Era invierno y había una niebla muy cerrada cuando pasamos por primera vez la puerta con el lema del campo: Jedem das Sein (“a cada uno lo suyo, lo que se merece”). Una crueldad añadida para los prisioneros. Dentro, temblabamos de frío y hablabamos en murmullos. Parecía que la temperatura hubiera caído varios grados, y nos incomodaba el silencio del lugar.
No era Buchenwald, como Auswitz, un campo de exterminio en sentido estricto: no hubo nunca cámaras de gas . Con todo, el objetivo seguía siendo emplear la fuerza de trabajo de los prisioneros hasta llevarlos a la muerte. Los internos eran, en una alta proporción, prisioneros políticos y resistentes al nazismo, lo que ayudó a que existieran ciertas formas de organización clandestina y de ayuda entre los presos. Hubo cierto número de republicanos españoles: allí estuvo Jorge Semprún, que luego fue ministro de cultura en España. Varios personajes históricos pasaron por el campo: por ejemplo, ya mayor, Léon Blum, el antiguo primer ministro de Francia. Acabó en el campo Mafalda de Saboya, a pesar de ser princesa e hija de Victor Manuel III, en ese momento rey de Italia. Fué ejecutado en el mismo campo Ernst Thälmann, líder de los comunistas alemanes. Historias como estas, de presos famosos o de presos comunes, escuchamos dos docenas y aún más, a veces de los propios supervivientes, o de sus hijos, o de los guías que nos acompañaron.
En la foto que se publica hoy, se ve a Obama poniendo una rosa blanca sobre una placa conmemorativa dentro del campo. No sé si le contaron una de esas dos docenas de historias. La placa donde depositó la flor se mantiene siempre a 37º, la temperatura del cuerpo humano. Esto sirve para que la nieve se derrita al posarse sobre la placa conmemorativa, que refleja las nacionalidades de todos los prisioneros en Buchenwald. Me pareció muy especial que la nieve no pueda tapar nunca este monumento al valor de la vida humana.
Por cierto, si uno se fija pinchando en la imágen puede ver que, además de Spanien, por Buchenwald pasaron hasta algunos Andorranen.
Y perdonad si me he puesto un poco sentimental. Serán los exámenes…

6 Junio 2009 at 23:57
Yo he recordado hoy lo mismo, pero nunca podría haberlo expresado tan magnificamente.
Un abrazo en la distancia.
Y a dormir, que nos vamos de elecciones.
7 Junio 2009 at 3:39
Estás un poco pelota, con lo de “magníficamente”. ;-P
Bueno, es un viaje que no se puede olvidar, en muchos sentidos. Creo que todos nos habremos acordado al leer el periódico.
Un fuerte abrazo, y suerte mañana con las elecciones. A ver si te toca un buen colegio.
9 Junio 2009 at 1:14
Bueno… fué como cabía esperar. No estuvo del todo mal, con Javi, Tamaris y Gadea al final, y comiendo con Serrano, cesar y Alba.
Un dia majete. Hasta un interventor del PP tuvo a bien despertarme cuando me quede dormido mientras estudiaba para el examen que tengo en… escasas horas.
¿Cuando retornas, al final?
No hubo despedidas vikingas, pero la cerveza siempre entra mejor con calor en el ambiente.
Nos leeemos
9 Junio 2009 at 14:13
Tío, no te duermas en el colegio electoral. Eso está mal, es la fiesta de la democracia… ¡¡fiesta!!
Vuelvo en julio, a mediados y sin fecha fija entodavía… Puede que nos veamos en Torrellas, entonces.