El fin de semana pasado estuve en Venecia por segunda vez. Lo sé, tengo que hacer un resúmen de como han sido mis viajes… Mañana me pongo, de verdad.
El caso es que acabamos en un grupo formado mayoritariamente por futuros abogados/economistas. Excepciones: un geólogo, y dos historiadores (entre los que se incluye el que escribe). En la plaza de San Marcos, en la esquina de la basílica junta al palacio ducal, hay un conjunto escultórico muy, muy famoso, pero en el que muy poca gente, incluyendo los guías turísticos, suelen parar. La escultura representa la Tetrarquía, el momento en el que Diocleciano divide el Imperio Romano para que pueda ser gobernado mejor. Así, troceado, el Imperio Romano duró a trancas y barrancas más de un siglo en occidente y mucho más en la parte oriental, futura Bizancio.
El caso es que, después de pedir los “frikis” históricos que nos acercáramos a verlo más de cerca, descubrí que para el resto de las personas presentes, el significado de la escultura era bastante diferente:
- Oye…, ¿por qué se están besando?
- ¿Son gays? ¿Ya había gays entonces?
- ¿Por qué nos habéis traído a ver arte gay?
Y la conversación podría haber derivado en si eran reyes o reinonas, de si les gustaban las túnicas de cuero y de sobre cómo blandían su espadas, si no hubieramos echado tres o cuatro fotos y nos hubiéramos ido apresuradamente.
Conclusión nº 1: las personas normales no ven las cosas como los estudiantes de historia. Somos “raritos”, vamos.
Conclusión nº 2: Que mal han hechos películas como Casi 300.

9 Febrero 2009 at 22:22
[...] las que no profundizaré. Si crees que un chiste de ingenieros no tiene gracia, prueba con uno de historiadores. Descubrimos que no tenemos ninguna asignatura en común en lo que queda de curso. Tampoco [...]