¡Hola mundo! (como dice WordPress en su versión neonata)

No he sido secuestrado por una guerrilla marxista-leninista sudamericana, ni me he retirado a un monasterio cartujo, ni he sufrido percance digno de mención.  Simplemente, no he encontrado tiempo ganas para escribir en estos meses de verano.  Un resúmen estival rápido: sí, al final llegué a España desde Roma sin más olvidos ni retrasos.  Gracias a cierto apoyo logístico por parte de JotaZeta y Fantasearte no dormí al raso la noche antes de la vuelta.  Una vez vuelto a casa, todo ha sido un “frenético no parar” del dolce fare niente.

Sin embargo, por culpa de pecados e imprevisiones pasadas, tengo que volver la semana que viene a la doctísima Bolonia a acabar algunos exámenes y cerrar, si todo está bien, el año Erasmus y las divertidas gestiones que lo acompañan.  Si hay suerte, incluso podré escribir uno o dos post de regalo.  Ah, y hacer aquello que por superstición quedó sin hacer: subir a la Torre de los Asinelli.  Ya veremos.

Tras tanto tiempo en silencio, culpa de una sucesión de exámenes sin fin, escribo estas breves (¡brevísimas!) líneas para despedirme del erasmus.  Hoy cojo el vuelo de vuelta, Bolonia-Madrid, con destino final a Zaragoza, AVE mediante.  Me toca volver a Bolonia en septiembre por un par de exámenes, así que se promete un revival nostálgico a las puertas del otoño.

Me vuelvo con las mismas maletas que vine, aunque ya he mandado un par de pesados paquetes, cargados sobre todo de librería varia que he ido acumulando este curso.  Quedan algunas cosas por contar, y espero aprovechar para escribirlas estos días, si encuentro un poquito de tiempo entre mimos familiares y reencuentros variados.

A los de España, nos vemos muy pronto.  A los de aquí, poco se puede decir sin parecer sentimental.  Una experiencia imposible de repetir, un año muy especial, y muchos monentos para guardar como tesoros.  Lo bueno de estos tesoros es que se comparten con más personas.

Esto es lo que escribí ayer.  Algo lejos de lo que ha sucedido al final.  Todavía escribo desde Bolonia, con una conexión a internet de prestado.  He perdido el avión (¡auto-colleja educativa!) por apenas cinco minutos, he tenido que volver desde el aeropuerto y encontrar donde dejar el equipaje, un alojamiento provisional y un nuevo plan de evacuación.  De momento, mañana vuelvo desde Roma hasta Zaragoza con un viaje de Ryanair no demasiado caro para haberlo comprado con un día de antelación.  El único problema es llegar hasta Roma…  un viaje largo antes de que el vuelo empiece.

Así que hoy ha sido una prórroga inesperada de 24 horas de mi estancia aquí.  A pesar de ciertas psicoangustias vespertinas, hemos visitado un impresionante parque en Casalecchio di Reno, un pueblo tan vecino a Bolonia que es considerado un barrio.  Tranquilo, muy verde, salpicado de villas medio derruidas y justo al lado de los colli bolognesi, las colinas que rodean Bolonia como ciudad.

Con todo, a pesar de esta excursión de última hora, estoy agobiado por no conseguir volver todavía.  Si todo va bien, mañana en casa ya.

Mientras cocinaba hoy un poco de pasta para comer, y maldecía que sólo funcionaran cuatro de los doce fogones (un fallo técnico que empieza a ser muy recurrente), un compañero portugués de la residencia ha entrado en nuestra ya bastante atestada cocina con unas hojas de Il Resto del Carlino, el periódico más típico de Bolonia y la Emilia-Romaña, que no suelo leer porque me parece bastante aburrido y tiene una maquetación digna de una hoja parroquial.  Nos venía a enseñar un artículo sobre el affaire AEGEE, que lleva de cabeza a la comunidad erasmus en Bolonia.  AEGEE es una asociación de estudiantes europeos que apoya la movilidad universitaria y acoge a estudiantes de intercambio.  Está formada por grupos locales muy autónomos entre sí.

El caso es que tras la cancelación de unos viajes que había AEGEE Bolonia, todavía no ha devuelto el dinero pagado por adelantado a los erasmus.  Muchos de estos se vuelven pronto a sus países y quieren el dinero de vuelta, que suma en algunos casos más de 100 €.  No se sabe si por mala gestión o mala fe, el problema parece que no va a solucionarse fácilmente y hay gente muy cabreada sintiéndose estafada.  La cosa se complica más porque AEGEE Bolonia ha dejado de formar parte de AEGEE Europa y probablemente se disuelva este verano.  De momento su página web y su grupo en facebook han dejado de funcionar.  Ayer casi hubo un incidente, cuando unos sesenta erasmus bastante  enfadados se presentaron en la sede de AEGEE para recibir explicaciones.  Lo único que han conseguido por ahora es un documento firmado de reconocimiento de la deuda por parte de la asociación.  Así está la cosa, según cuenta hoy Il Resto del Carlino.

Mi experiencia personal con esta gente, un par de viajes, me hace afirmar que son un grupo terriblemente ineficiente.  Se esfuerzan, supongo, pero han organizado viajes pésimos, mal preparados y con continuos cambios.  Por otro lado, los precios  de los viajes de AEGEE son muy baratos, ya que buscan (y encuentran) financiación y esponsores.  No creo, pues, que hayan “robado” el dinero de los pobres erasmus, pero tengo que decir que sus viajes no son del todo fiables.

Justo en la página del articulo anterior, hemos encontrado otra referencia al delectivo mundo erasmus en Bolonia.  Antes de ayer detuvieron a tres estudiantes españoles que, borrachos como cubas, se habían dedicado a derrotar y sojuzgar una serie de motos que tuvieron la mala suerte de encontrarse en su camino.  Iban por la onceava scooter masacrada cuando llegó la policía, avisada por los vecinos, y los detuvo.  A uno de los españoles le pillaron también en el momento de intentar robar dos bicis, lo que está muy mal visto y tiene, se rumorea un poco sin fundamento, una multa de 3.000 €.   Esto se añade a la larga lista de agresiones a taxistas, a porteros de clubes, a ancianitos indefensos, saqueos varios y delitos contra la higiene pública y ebriedad pública (¿en serio eso es delito?) cometidos por paisanos en esta pobre ciudad para la que somos un poco una plaga bíblica: personalmente creo que somos o los piojos, por cómo acabamos, o las langostas, por cómo dejamos el lugar por donde hemos pasado.

En resumen, hoy el periódico trataba abundántemente de los estudiantes erasmus en Bolonia.  Dicho esto, me voy al centro, esta tarde hay una extraña fiesta, la Par Tòt Parata.  No sé muy bien en qué consiste: tiene algo de carnaval, de disfraces, de improvisación y de teatro. Aquí hay unos vídeos de otros años.

Aunque los historiadores también tenemos un deje rarito, nada supera a un ingeniero informático en humor extravagante e incomprensible para neófitos.  ¿Alguien puede adivinar en qué trabajará el habitante del inmueble de la foto?

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Para los que no lo hayan visto bien, atención al detalle.

Visto cerca de la Puerta San Vitale de Bolonia.

Post dedicado:

A Zalaya, miembro del selecto (por escaso) club de comentaristas habituales, y miembro también del ya más amplio club de segundas carreras. Por haberse sabido retirar a tiempo: podías haber acabado así.

Cuando empieza la recta y declive final de tu estancia en cualquier sitio, empiezas a pensar que cosas echarás de menos.  Entre lo más terrenal, y que hemos intentado copiar sin éxito en Iberia Sumergida, está la pizza a domicilio.  No existe en Italia una gran cadena, tipo Telepizza o Pizzahut, sino muchos garitos pequeños de propiedad familiar y con una buena proporción de empleados inmigrantes.  Al anochecer, las calles de Bolonia se llenan de las motos de los repartidores, corriendo a alimentar a estudiantes vagos, familias desestructuradas, empleados en el turno de tarde noche y un largo etcétera.

Decía que no lo hemos podido superar no por la calidad, que tampoco, si no por el precio.  Una pizza cuesta unos cinco euros, un poco menos si es margarita, un poco más si tiene ingredientes de gourmet.  La palma se la lleva cierta pizzería que tiene casi la exclusiva para nuestra residencia: por cinco euros tienes una pizza como la de la foto, incluida una lata de bebida de regalo, e incluso (merced a un oscuro y poco claro acuerdo con el personal de la residencia) te la suben hasta tu habitación si les das el número con la llamada.  ¿Es o no es para hecharlo de menos?

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Otro día hablamos de cómo comer pizza sin mancharte, todo un arte.

Siguiendo con la serie Erasmutópico, hoy toca otro clásico.  Y clásico es la palabra, obviamente.  Muchachada Nui y su visión de la beca Erasmus:

- Hombre, si ha llegado el de la beca.  Parece fornido.

- Hola señor, vengo con la intención de tirarme a su hija, ponerme hasta el culo y aprender poco.

(…)

- ¡Padres, prohibid a vuestros hijos que vayan de becas, que vuelven revolucionaos…!

Algunos erasmus disciplinados, buenos planificadores, o bien, obligados por las circunstancias, ya han acabado todos los exámenes y están empezando a volverse a sus casitas por toda Europa.  No es mi caso, claro.  Aquí me quedo hasta principios de julio, y el calor aumenta día a día.

Da un poco (bastante) penita, pero hay que hacerse a ello.  Hoy en día, gracias a Facebook y demás redes sociales, mantenerse en contacto y saber que tal le va la vida a la gente que vas conociendo por el mundo es relativamente sencillo.

Un amigo y compañero de la residencia se ha ido hace unos pocos días.  Llamémoslo Nicéforo, que no es a lo mejor bello pero sí adecuado y como nombre arrastra una sarta de personajes ilustres.  Nicéforo nos donó su ajuar doméstico, que difícilmente podía llevarse de vuelta a casa, y me reservó un par de regalos que me han hecho especial ilusión:

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Un miniventilador de escritorio (¡más mono…!) y un libro llamado Viaggio in Italia, de Guido Piovene.  Es un relato de un viaje por toda Italia que hace el autor, un periodista milanés, durante varios años.  De momento, falto de tiempo, sólo he leído algunos capítulos dedicados a un par de ciudades que me interesaban, pero todo se andará.

En fin, ¡gracias!  Y suerte con la vuelta al trabajo en España.

Estoy un poco ocupado con los exámenes así que, para actualizar de vez en cuando este blog, he decidido hacer trampa y “fusilar” sumarísimamente algunos vídeos sobre la beca erasmus que son tan tópicos como divertidos.  Hoy les presentamos…  Vaya Semanita se va de Erasmus:

- ¿Qué es esto?

- El material imprescindible para un erasmus.

- ¡Coño, esto es whisky…!

- Y de garrafón.

(…)

- Al principio es un poco duro por la barrera del idioma, pero luego te pasas todo el día borracho y te entiendes sin esfuerzo.  Como solo balbuceas…

(…)

- No quiero que ninguno de ustedes regrese sin éxitos.  Al menos un par de comas etílicos en el expediente.

(…)

- ¿Todo en orden, rectora?

- (Satisfecha) El americano de intercambio, borracho como una cuba, y son las diez de la mañana.


Lunes, 10.25h.  Lugar: mi residencia.

“¡Oh, no, oh no, llego tarde!” pensaba, parafraseando al Conejo Blanco.  Manana tengo un examen de literatura italiana y queria hablar con la profesora.  Ducha extrarrápida, cojo la bici y salgo corriendo para Zamboni.  En el Mercado de Vía Cirenaica esquivo a una abuelita que iba a hacer la compra.  Frente a la puerta San Vitale un ciego con baston me atropella a mi y a mi bici mientras espero para cruzar la vía que circunvala el casco histórico de Bolonia.

Llego a Zamboni, pero ya ha acabado la hora de tutoría de la profesora.  Aparco la bici y entro en el edificio del Departamento de Italianistica.  Solo he estado aquí una vez antes, tambien para hablar con la profesora.  Las clases las dabamos en otro lado y es mi unica asignatura con este departamento.  Llego sin muchos problemas a su despacho y me la encuentro saliendo a hacer una gestión.  La asalto a traición:

- Buenos dias.  Esto…  mi ser erasmus clase suya literatura…..  Yo saber que ha acabado el tiempo de recibimiento de hoy, pero mi preguntarme si poder hablar con usted un minuto……

- Claro, claro.  Ningun problema.  Vaya a mi despacho que voy enseguida.

La gran duda que tenía es que tenía que hacer para inscribirme al el examen, un trámite previo que hay que realizar si quieres presentarte.  En el Departamento de Disciplinas Historicas (suena muy disciplinario el nombre, verdad?) tienen una bonita web para estos menesteres.  Otros departamentos tienen otros sistemas y es un poco lioso apuntarse para un examen.  Me dice que hay una hoja de inscripcion en la puerta del despacho: el viejo soporte de celulosa, esto no se cuelga.

- ¿Se presenta enonces mañana?

- Si, ciertamente. (infatti (ciertamente): la coletilla que hace las delicias de todos)

- ¿Bueno, y usted ha asistido a las clases? (ìalerta general, alerta general! todos a sus puestos de combate)

-  Euh…  Si, he asistido a ocho o nueve. (Siete…  fueron siete clases.   He mentido, soy una verguenza para mi país.  Deberían deportarme)

- ¿Entonces su curso es de cinco creditos, no? (Cinco créditos en el plan de estudios antiguo italiano son 6 ECTS, y todas mis asignaturas son de este cómodo y manejable tamaño.  Es frecuente que en las asignaturas de mi facultad para la misma asignatura haya un programa de cinco créditos y otro de diez, para el que te has de preparar más temario y lecturas)

- Si, de cinco créditos   He estudidado la asignatura sobre todo a traves del manual¡ que usted me recomendo. (Ahí, fuego antiaéreo a tope.  Sonrie.  Por lo menos ve que he echo “algo” por  mi cuenta, y tal vez le mueva a la piedad)

-  ¿Ha tenido alguna dificultad?

- Un poco, los nombres de los autores me son un poco dificiles de memorizar.   No esty acostumbrado a los apellidos italianos. (Un poco de sutil lloriqueo…)

- Bueno, usted preparese los autores que mas le hayan interesado y  tal y cual… (Significado oculto de la frase anterior: Eres un erasmus, no te preocupes, los dos sabemos de que va este royo.  Con que seas capaz de no confundir a Dante con una cafetera express te voy a aprobar.  Hala, dale un repaso y manana te presentas en punto aqui.)

Epílogo: Al día siguiente me presenté al exámen.   Después de dejarme elegir sobre que autores quería hablar, salí de su despacho con una más que buena nota bajo el brazo.  JotaZeta, que también estaba matriculado en esta asignatura, se presentó al examen tras un leve ataque de paranoia persecutoria.  Aprobó igualmente con una nota muy buena.

A modo de conclusión y cierre: Es cierto, a los erasmus nos tienen entre algodones.

Como se puede deducir de lo que escribo, suelo leer la prensa española e italiana con relativa frecuencia.  Hoy la noticia es las fotos de la que hablaba esta mañana.  Dando un vistazo rápido antes de irme a domir, he leído que Obama ha estado en Buchenwald, y he recordado un viaje de hace un año al mismo lugar.

Estuvimos en Weimar en un encuentro de jóvenes europeos que trataba el tema de la memoria histórica y el fascismo.  Conocimos a fondo el campo de concentración: hablamos con supervivientes del propio campo, vimos los hornos crematorios, la enfermería-matadero donde ejecutaron a prisioneros de guerra soviéticos, y demás  cámaras del horror. Fué la visita más escalofriante que he tenido en mi vida.

Era invierno y había una niebla muy cerrada cuando pasamos por primera vez la puerta con el lema del campo: Jedem das Sein (“a cada uno lo suyo, lo que se merece”).  Una crueldad añadida para los prisioneros.  Dentro,  temblabamos de frío y hablabamos en murmullos.  Parecía que la temperatura hubiera caído varios grados, y nos incomodaba el silencio del lugar.

No era Buchenwald, como Auswitz, un campo de exterminio en sentido estricto: no hubo nunca cámaras de gas .  Con todo, el objetivo seguía siendo emplear la fuerza de trabajo de los prisioneros hasta llevarlos a la muerte.  Los internos eran, en una alta proporción, prisioneros políticos y resistentes al nazismo, lo que ayudó a que existieran ciertas formas de organización clandestina y de ayuda entre los presos.  Hubo cierto número de republicanos españoles: allí estuvo Jorge Semprún, que luego fue ministro de cultura en España.  Varios personajes históricos pasaron por el campo: por ejemplo, ya mayor, Léon Blum, el antiguo primer ministro de Francia.  Acabó en el campo Mafalda de Saboya, a pesar de ser princesa e hija de Victor Manuel III, en ese momento rey de Italia.  Fué ejecutado en el mismo campo Ernst Thälmann, líder de los comunistas alemanes.  Historias como estas, de presos famosos o de presos comunes, escuchamos dos docenas y aún más, a veces de los propios supervivientes, o de sus hijos, o de los guías que nos acompañaron.

En la foto que se publica hoy, se ve a Obama poniendo una rosa blanca sobre una placa conmemorativa dentro del campo.  No sé si le contaron una de esas dos docenas de historias.  La placa donde depositó la flor se mantiene siempre a 37º, la temperatura del cuerpo humano.  Esto sirve para que la nieve se derrita al posarse sobre la placa conmemorativa, que refleja las nacionalidades de todos los prisioneros en Buchenwald.  Me pareció muy especial que la nieve no pueda tapar nunca este monumento al valor de la vida humana.

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Por cierto, si uno se fija pinchando en la imágen puede ver que, además de Spanien, por Buchenwald pasaron hasta algunos Andorranen.

Y perdonad si me he puesto un poco sentimental.  Serán los exámenes…

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