(ElPais.com)

Publicaba ayer el País un artículo sobre un joven haitiano, probablemente con problemas mentales, que pasea por las calles de Puerto Príncipe, cual emperador con túnica de seda nueva; sin que la gente, bastante ocupada, parezca preocuparse por él.  Es interesante la reflexión final: sacada de contexto, “la estampa podría servir para que un publicista avispado idee un anuncio en el que ensalce la fuerza, la independencia y la libertad de la juventud ante cualquier situación”.

Es curioso; si reflexionamos, el Pulitzer del año pasado en la categoría “Breaking News” se lo dieron a un fotorreportaje sobre las consecuencias de las tormentas causadas por el Huracán Ike en Haití en 2008.  Las fotos son tremendamente impactantes, y muchas se podrían colar hoy en cualquier periódico sin que nadie se diera cuenta.  Haití no levanta cabeza, desastre tras desastre.  Parece que es una isla desafortunada, solamente los reporteros tienen algo que sacar de allí.

Mafalda, esa pequeña niña iconoclasta y descreída, tenía por mascota a una tortuga llamada Burocracia.  La broma es evidente.  ¿Cómo no va a ser proverbial la lentidud gubernativa si existen órganos tan extraños como una Comisión Nacional del Chopo?  Peor aún, ni es algo exclusivo de nuestro pais; ni es una ocurrencia de ayer de alguien en el Ministerio de Agricultura.  De hecho, todo parece indicar lo contrario.  Por un lado, existe una Comisión Internacional del Álamo; y por otro, ésta tiene  casi sesenta años.

Mi conclusión: este organismo ha existido desde hace tanto tiempo, tanto, que nadie sabe muy bien para qué sirve, ni parece influir en la vida diaria de ningún ciudadano necesitado de chopos para seguir con su vida diaria.  Es el equivalente en la Administración pública de lo que es el apéndice en nuestra anatomía.

Vía Facebook, me llega este vídeo que no ha hecho sino acentuar mi crisis de la mediana edad juventud.  En esta magnífica pieza de oratoria, el ínclito lider de la muchachada popular madrileña suelta verdades como panes, luminosas, preclaras, inspiradoras…  En fin, acabo mi laudatio y lo dejo hablar por sí sólo:

El caso es que no tengo nada claro si soy un carca, o en el fondo soy del PP y aún no me he dado cuenta.  Por si acaso, mañana me compro unos pantalones de pana y una boina.  O un polo de Lacoste y me dejo flequillo a lo visillo.

Escribía un bloguero bastante influyente que en la Comunidad de Madrid han abierto recientemente y con dinero público un “Instituto Homeopático” en un antiguo hospital rehabilitado.  Dicho establecimiento estará dedicado, entre otras cosas, a la “la investigación científica de la Homeopatía”, oxímoron donde los haya.  La homeopatía es una pseudociencia que cree que… eeeh…  bueno, es complicado.  Y produce cierta vergüenza ajena, todo sea dicho.

Básicamente afirma que para solucionar una enfermedad, hay que suministrar lo que la causa, pero muy disminuído.  Para ello, se disuelve muchas veces una sustancia en agua y se agita varias veces para “dinamizar” o “potenciar” este líquido.  Tengo entendido que no hay plegarias ni libaciones en el proceso, o en todo caso son opcionales.  El resultado final es agua que en teoría no contiene nada de la sustancia original, pero a la que se ha “transmitido” (¿cómo? ¿cuándo? ¿quién?) parte de la “esencia espiritual” (risa ahogada) de la sustancia original.  El resultado final es un “medicamento” homeopático formado por agua ridículamente cara.  Normalmente se vende como algo “complementario” a un tratamiento médico de verdad, y no como un sustitutivo, ya que esto, en mi opinión no-letrada, supondría un homicidio por lo menos.  Un vídeo que hace un tiempo me envió un amigo quizá explique mejor que yo lo absurdo de esta cien-(ja!)-cia.

Reíame yo de los madrileños en edad de votar por su sagacidad/terquedad política,  hasta que en el mismo post se informa de que la Universidad de Zaragoza imparte cursos de homeopatía, y quien sabe si en el futuro de astrología o espiritismo.  Vinculada a mi amada alma mater hay una página web (http://www.prescribohomeopatia.com) donde se informa de los diferentes cursos y postgrados que ofrece la Facultad de Medicina relacionados con la homeopatía.  Lo peor es que no es una derrape mental de este centro, y en el campus de Huesca pasa lo mismo.  La Facultad de Ciencias de la Salud y el Deporte también ofrece cursos y seminarios de homeopatía varios.

Dado que acabar con la superstición en la Universidad de Zaragoza es tan difícil, propongo que adaptemos el resto de las titulaciones a esta mentalidad acientífica.  Algunas sugerencias:

  • Profunda reestructuración de la Facultad de Ciencias. Cancelación de los estudios de Química, para crear un nuevo grado en Alquimia.  Modificación en el estudio de la Geología, que pasará a llamarse Gemología.  La carrera de Matemáticas será sustituída por una dedicada al estudio místico de los números, la Numerología.
  • Del mismo modo, en el CPS desaparecerá la Ingeniería Química: crearemos una nueva generación de ingenieros alquímicos destinada a encontrar la piedra filosofal, seremos ricos e inmortales.
  • De nuevo en la Facultad de Ciencias, aprovechando el observatorio ya construído, se empezará sin más demora a impartir cursos de Astrología.
  • En la Facultad de Filosofía y Letras se impartirá a partir de ahora el trivium, y nada más.
  • La Facultad de Económicas se puede quedar como está, ya enseñan a predecir el futuro.
  • La Facultad de Medicina anda por el buen camino, pero es necesario que se instituya el estudio de la frenología, las flores de Bach, etc… como asignaturas obligatorias.
  • Los estudiantes de la Facultad de Veterinaria aprenderán a leer las entrañas de los animales sacrificados como parte de su currículum habitual.
  • Se creará por fin una Facultad de Magia.  O mejor, una Facultad de Magia Blanca y otra de Magia Negra.  Y quizá una de Magia color salmón.
  • Se realizarán estudios grafológicos de los exámenes de los estudiantes.  Se analizará su personalidad a través de estos estudios y contará al menos un 10% de la nota final.
  • Todo estudiante tendrá derecho a un cambio de fecha en el exámen si su horóscopo no es propicio.
  • Las aulas, despachos, y demás instalaciones, tendrán que cumplir los principios del Feng Shui.
  • Se prohibirán los juegos de cartas como el mus o el guiñote en la cafetería.  Sólo se podrá usar la baraja del tarot, variante marsellesa, y con fines adivinatorios.
  • Para acceder a una plaza de profesorado en la Universidad de Zaragoza habrá que demostrar fehacientemente no ser un reptiliano.  Los profesores asociados estarán exentos de esta norma.
  • Cambio general en el vocabulario de la Universidad.  Los catedráticos pasarán a llamarse “venerables maestros secretos”, los miembros del personal de administración y servicios serán llamados “acólitos”, y los estudiantes recibirán el apelativo de “neófitos”.  Recuperación de la túnica como vestimenta universitaria estándar.  El Claustro pasará a llamarse Cónclave Místico.  Las Juntas de Facultad se llamarán Círculos Mágicos.  Las Delegaciones de alumnos se transformarán en Logias Secretas.  Los estudiantes de primer año tendrán que pasar por un ritual de iniciación, todavía por determinar, presumiblemente no sangriento.  Quizá el ritual sangriento se reserve a la ceremonia de doctorado.
  • Creación del Trofeo Rector de Quidditch.  Sustitución del programa Erasmus por el Torneo de los tres magos.
  • Se incluirá el estudio del creacionismo y el diseño inteligente de cara a los exámenes de Selectividad que organiza la Universidad de Zaragoza.  Se buscará que la nueva organización de estudios en la Universidad tenga un reflejo también en la educación secundaria de la comunidad autónoma aragonesa.  Pío Moa será el autor de cabecera para los profesores de historia en los institutos.
  • Será desaconsejado, como norma general, cualquier uso del método científico, la adopción de posturas escépticas, el principio de falsabilidad, realizar experimentos empíricos, etc…

Eso es todo de momento, aunque se admiten aportaciones a este plan de reforma universitaria que deja todo ese rollo del EEES a la altura del betún.

Es común después de Nochevieja que los telediarios dediquen un espacio al primer nacido del nuevo año.  Eso sí, después del consabido reportaje sobre fiesteros incombustibles tomando chocolate con churros de buena mañana.

Este afortunado pequeñín adquiere cierta fama instantánea, su madre tendrá siempre una historia que contar a quien quiera escucharlo,  las enfermeras lo mimarán quizá más que al resto, y recibirá la atención de los reporteros desplazados para cumplir el trámite de esta inevitable tradición.  Será, también, un poco mayor que el resto de sus compañeros de clase.; será, por así decirlo, un primero entre iguales.  Se han dado casos, incluso, de equipos de fútbol que han regalado al pequeño un carnet de socio, a pesar del padre, que pertenecía a un equipo rival.

Siempre olvida la prensa, en cambio, la otra cara de la moneda, aquel que nació cuando faltaban todavía unos instantes para las campanadas, aquel nacido el 31 de diciembre.  Nadie le dedicará ni un segundo  en las noticias.   Es fácil imaginarse la escena después del parto y ver la decepción en los padres (“nuestro hijo iba a ser el primero, y último se ha quedado), y las prisas del personal médico por acabar el asunto e intentar llegar todavía a comerse las uvas.  Este niño será el más pequeño entre sus compañeros empezará a ir a la escuela mas tarde que el resto.  Notará, sin lugar a dudas, la diferencia que le separa de aquel que, por puro azar, nació quizá un minuto después, aquel que no sufrirá esta suerte de “estigmatización” causada por la humana manía de medir, contar, y encuadrar todo, incluido el tiempo.

A ver si cambiamos esta costumbre insana de sólo fijarnos en el relumbrón de la novedad.  Que estamos traumatizando a este pobre niño.

Hace poco leía un artículo sobre la historia de la compañía Apple.  Sabía que la fundaron en un garaje, pero la épica historia de superación continúa a lo largo de toda su historia: luchas de poder, enemigos enconados, traiciones, anuncios rodados por Ridley Scott que se emitieron sólo una vez, triunfos y fracasos…

Para hacer un guión de una película, o sacarse una serie de un par de temporadas da de sobra.  Por otro lado, mi no excesivamente boyante economía me obliga a autoconvencerme que todos los que van colgados de un iBook/iPod/iPhone son unos pijos “modernitos”, rezumando elitismo y autosuficiencia y demás cosas notorias.

Finalmente, sé que se ha convertido ya en un lugar común, pero me surge una pregunta: el tipo que siempre hay en todo Starbucks escribiendo con un portátil, normalmente un Apple, ¿está en nómina o no tiene casa?

Ya llegó la Navidad: turrón, familia y compras, entre otras muchas cosas.  No es que tenga mucho espíritu navideño, pero este año me he empeñado en montar un pequeño belén casero, para alegría de mi señora madre y disgusto de mi hermana.  Y es que estas fechas, en el fondo, no son sino una escusa para no dejar para otro día el estar con la familia.

Así pues, y con ecuménico espíritu, felices fiestas a aquellos que celebren la Navidad; pero también felicidades a aquellos que prefieran la Jánuca/Hanukkah, o que les guste el aire retro del festival de las Saturnales, la Deuorius Riuri de los celtas, o el Deigan de los antiguos persas.  O que opten por modernidades como el Kwanzaa, o la fiesta de Yule.  Celébrese, en definitiva, la llegada del solsticio de Invierno y el nacimiento/renacimiento/advenimiento de diversas divinidades solares, incluyendo al nórdico Frey, la japonesa Amateratsu, la Beiwe de los sami o el azteca Huitzilopochtle.  Lo que no acabado de entender es que tiene de divinidad solar ese tal “Papa Noel”.

Circunstancias poco deseables me han obligado a estar fuera de casa una mañana de domingo.  Puede que suene a tontería, pero el domingo por la mañana es un momento que parece estár al márgen de la realidad.  No hay nadie en la calle, no hay nada abierto…  Todo está quieto, silencioso, a la espera.  Zaragoza se muestra estos días contradictoria: hace frío, hace viento, pero luce el sol.

Salir a la calle un domingo por la mañana es arriesgarse a sentirse un náufrago en un mar urbano, lleno de olas que llamamos entre semana aceras.

Ha pasado cierto tiempo desde que junté algunas letras para alimentar este blog.  La causa de que desempolve arcanos teclados para dejar este último y primer mensaje es que por fín he logrado acabar con el último resto de vida erasmus que me quedaba: la Burocracia.  En efecto, hoy he logrado acabar el último trámite pendiente: conseguir las convalidaciones necesarias para poder considerar el año pasado como algo aprovechable en lo académico.  La causa de tanta demora, es fácil de imaginar: no es fácil lograr que dos sistemas burocráticos universitarios distintos, que por separado tienden naturalmente a la inercia, se pongan de acuerdo a la hora de rellenar expedientes y actas diversos, bilingües y con muchos sellos, firmas y códigos.  Pero, a pesar de las conspiraciones y simples dejaciones; hice lo que se debía hacer: jurar, presionar y porfiar lo suficiente como para que a día de hoy pueda dar por finalizado este largo periplo estudiantil.  Empezó, si mal no recuerdo, en febrero de hace dos años, cuando decidí presentar la solicitud para marchar al extranjero a hacer esas cosas de hacemos los jóvenes de hoy en día en Europa, a saber: intentar aprender un idioma, cumplir con ciertos tópicos añejos referidos al estudiante apicarado, y derribar innecesarias verjas mentales.

Han pasado algunos meses, y de lo sucedido queda un registro parcial pero veraz por este blog.  Digo que esta entrada es última y primera este post por dos razones.  Última, porque con esto concluye un período específico que ha sido la razón fundamental para escribir este blog. Ahí quedan reunidas todas las entradas referidas a Bolonia en una sóla categoría o sección para mayor comodidad.  Y primera,  porque bien puedo aprovechar el gasto (en tiempo que no en dinero) para seguir escribiendo quien sabe qué o cuando.  Así que nos seguimos viendo por aquí.

¡Hola mundo! (como dice WordPress en su versión neonata)

No he sido secuestrado por una guerrilla marxista-leninista sudamericana, ni me he retirado a un monasterio cartujo, ni he sufrido percance digno de mención.  Simplemente, no he encontrado tiempo ganas para escribir en estos meses de verano.  Un resúmen estival rápido: sí, al final llegué a España desde Roma sin más olvidos ni retrasos.  Gracias a cierto apoyo logístico por parte de JotaZeta y Fantasearte no dormí al raso la noche antes de la vuelta.  Una vez vuelto a casa, todo ha sido un “frenético no parar” del dolce fare niente.

Sin embargo, por culpa de pecados e imprevisiones pasadas, tengo que volver la semana que viene a la doctísima Bolonia a acabar algunos exámenes y cerrar, si todo está bien, el año Erasmus y las divertidas gestiones que lo acompañan.  Si hay suerte, incluso podré escribir uno o dos post de regalo.  Ah, y hacer aquello que por superstición quedó sin hacer: subir a la Torre de los Asinelli.  Ya veremos.

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